miércoles, 2 de noviembre de 2011

Otros ganadores del concurso

El espantapájaros



    Cuando uno es un niño, hay muchas cosas que te dan miedo: la oscuridad de las habitaciones, las noches de tormenta, los fantasmas. Pero a mí en particular, siempre me han asustado los espantapájaros. Y hasta el día de hoy es algo que no puedo superar. A veces los veo en el campo, cuando voy en mi auto y siento un escalofrío que me recorre la espalda…
   Recuerdo una tarde de verano.  Los veranos en el pueblo eran muy calurosos. Los mayores se habían ido a dormir la siesta, porque según ellos, otra cosa no se podía hacer. Pero para mí, había mil ocurrencias que me gustaba experimentar, sobre todo cuando no había ningún adulto por ahí, juzgando mis aventuras. Solía recorrer el campo, entre los altos maizales, buscando madrigueras de conejos, a quienes desafiaba corriendo más rápido que ellos para ocultarse. Pero ese día, parecía  que los animales del campo habían decidido desaparecer de mi vista y yo caminaba solo por los surcos, sin levantar la cabeza del suelo terroso. Por eso no llegué a ver, hasta que me choqué con él, el alto espantapájaros allí plantado.
   Era un espantajo sujeto a una cruz de madera por los brazos y la cintura, vestido con unos viejos pantalones de jean, una camisa a cuadros cuyos faldones ondeaban al viento y por cuyos puños se escapaba un puñado de paja amarilla. Por cabeza, sólo una bolsa hecha con tela, estrangulada en su cuello y rellena con más paja. En lo que era su cara, unos ojos torpemente pintados de negro y un trazo oscuro por boca que no sonreía.
   Me quedé allí parado, quieto, mirando horrorizado ese monigote que se movía levemente con la brisa del campo. Sólo que en ese momento no soplaba ninguna brisa. Recuerdo que las ramas de la paja que asemejaban manos, se movían de a una, como si fuesen dedos que me quisiesen señalar.
   Entonces corrí lo más rápido que pude, hasta llegar a mi casa casi sin respiración. El corazón parecía salírseme por la boca, y creo que mi garganta emitía un lamento sordo que sólo yo podía oír. Esa noche soñé que el espantapájaros me corría por los campos. Y me desperté a mitad de la noche, mojado en transpiración, gritando y llamando a mis padres. Pero nada me consoló.
   Por unos días, estuve jugando cerca de la casa, temiendo alejarme demasiado y encontrarme de nuevo con…con ese horrible monstruo de paja. Mi padre, siempre atento a mis cosas, me observaba pensativo.
   Una tarde, luego de almorzar, me pidió que lo acompañara. “Demos un paseo”, me dijo. El caso es que comenzamos a caminar hacia los sembrados, yo siempre vigilante de no separarme demasiado, y mi padre conversando de cualquier cosa, hasta que se detuvo, y señalando con el dedo a la distancia me dijo: “Cuando tenía tu edad, siempre me atemorizaba el espantapájaros. Hasta que tu abuelo me dijo cómo luchar contra él”. Mi cara reflejaba todo mi asombro. Atento a sus palabras, balbuceé un tímido “¿Cómo lo harías?” Él,  mirándome muy seriamente me dijo: “En tus sueños, cuando se te aparezca, sólo debes mostrarle una caja de fósforos ¡Eso lo detendrá!”  Quedé pensativo, no imaginaba cómo mi padre sabía de mis terribles pesadillas, si nunca se las había contado. Cuando lo miré a sus ojos, pude ver con claridad que él sabía…
   Esa noche, antes de acostarme, fui a saludarlo y me dijo: “No te olvides de los fósforos”. Mi madre lo miró inquieta, pero frunciendo sus labios, nada dijo. Corrí  a mi dormitorio y desde allí, con las luces apagadas, podía ver por la ventana sombras amenazantes que me acechaban detrás de los cristales. Las ramas de los árboles arañaban los vidrios y el ruido chirriante semejaba una risa maléfica. Sabía que más allá se elevaba amenazante, la figura grotesca de mi monstruo personal. Al cabo de mucho rato, y aferrando fuertemente la caja de fósforos, pude dormirme. Y soñé que estaba en…
   “…el campo, sembradíos a mi alrededor, espigas altas más allá de mi cabeza, y el áspero graznido de los cuervos. La luna, apenas dibujada entre las nubes, mostraba a veces el camino terroso. Pero cuando la oscuridad me envolvía, tropezaba con las raíces que asomaban y más de una vez casi caigo entre ellas. Mi camino me llevó, inexorablemente, hasta los pies del espantapájaros. Levanté la vista despacio, como conjurando el miedo, hasta encontrar esos ojos sin vida que me miraban desde la más profunda oscuridad. Su mano (¿¡Su mano!?) se movió, y yo sabía que deseaba alcanzarme. Entonces, retrocediendo y tropezando y aferrando el corazón que galopaba en mi pecho, recordé el consejo de mi padre. Tomé la caja  y, temblando sin control, traté de encender un fósforo. Miré su cara. Un rictus de su boca, remedo de una sonrisa, empezaba a esbozarse. Lo intenté de nuevo: Esta vez, la débil llama alumbró mi victoria. Levanté todo lo que pude mi brazo y lo mostré al espantajo. Retrocedió, ya no sonreía .Pero de un manotazo quiso apagar mi llama, y una explosión de chispas brotó de su brazo. Y corrí. Corrí sin voltearme hacia mi casa, hacia mis padres, hacia mi libertad…”
   Esa mañana, mientras desayunábamos en la cocina, el peón que cuidaba el campo llegó con una noticia: alguien había quemado el espantapájaros.
   “Vándalos”, dijo mi madre.
   “Justicia” dijo mi padre.

Beatriz Chiesa
Gracias Beatriz por compartir.

 
GANADORES EN NARRATIVA INFANTIL( 5 PARTICIPACIONES):

1.- primer puesto: "El espantapájaros" , seudónimo Bellátrix.
2.- segundo puesto: " El sueño y Kupanaca"” seudónimo: Stamina

ALTA GAMA

Tengo 23 años; una carrera universitaria; dos idiomas comprendidos, leídos y hablados con la mayor fluidez; un cuerpo envidiado o deseado según quien lo juzgue y un interés especial por las ciencias, la tecnología y  las relaciones humanas.
No me gusta el maquillaje más allá de un simple touch que realce, sin exagerar,  lo que más me atrae de mi rostro, y sostengo que la elegancia no se fundamenta  en las marcas ni en el exceso de euros, sino más bien en el buen gusto y un concepto que más tiene que ver con la armonía que con la moda.
Soy una profesional independiente. Manejo mis tiempos, mi trabajo, elijo cuidadosamente a mis clientes bajo la lupa de mis propios códigos, exponiendo los términos contractuales de mis servicios con claridad. En mi profesión, cualquier detalle dejado al azar puede convertirse raudamente en un problema desproporcionado.
Leí una vez:
 Para resolver un pequeño problema se necesita un mínimo de inteligencia.
 Para resolver complejos problemas se necesita, como mínimo, un máximo de optimismo.
Para generarlos, sólo se necesitan pequeños o grandes acomplejados”
 Y yo agrego, parafraseando a Sun Tzu en su obra “El arte de la guerra”,  que el mejor problema es el que se evita.
No me gusta la rutina. Mi trabajo es creativo y esta cualidad se extiende a todos los momentos y ámbitos de mi vida. Pero debo admitir que hay cosas, pequeñas repeticiones diarias, inmensos placeres para mí, que se me brindan y me llaman y sin que me dé cuenta se convierten en el use to de todos los días: los ejercicios al levantarme que conservan la firmeza de mi cuerpo y despejan mi mente; la ducha liberadora; el café, las tostadas y el ordenador en la cocina, de espaldas al sol,  brindándome el catch up de la jornada.
 Mis abultados ingresos no me impiden ver las realidades. Vivo en un pequeño y acogedor piso. No tengo ni licencia ni auto. Me encantan los taxis llevando y trayéndome desde y hacia donde quiera, relajada y fresca. Y como habrá sabido comprender, no cometo excesos con mi vestuario ni en mi arreglo personal. Sé que con el tiempo no podré seguir ejerciendo y debo estar atenta a ese futuro que me espera.
Mi dedicación laboral no excede los tres días semanales, a veces menos. No necesito más. El  servicio que ofrezco es impecable y adecuado a las necesidades de mi selecta clientela. Al imponer mis códigos, ésta se decanta con naturalidad.
Debo mi éxito a mi amiga Sandra que sin quererlo me mostró una posibilidad, generó la idea; a mi visión, que supo traducir una situación cotidiana y simple en un negocio redituable; a un fiel amigo que me abrió la puerta grande de mis primeros contactos; a lo que la naturaleza me dio y mi empeño conserva; al hecho de que realmente disfruto lo que hago y al profesionalismo que le impongo. A partir de esto mi panorama se amplía en lo que aquí llamamos el boca – oreja.
Además los trabajadores independientes contamos en la actualidad con una herramienta sumamente eficaz: la internet. ¿Le dije ya que me aficiona muchísimo la tecnología? ¿Sí? Pues tengo un blog, al que puede acceder si gusta, un diario donde comento mis experiencias de todo tipo, no solo laborales, contacto así con muchísimas personas. Justamente acabo de cerrar un concurso literario de cuentos ad hoc. Se presentaron 38 dentro de las bases propuestas. Son muy buenos, debiera tomarse un tiempito para leerlos.
No soy la única que se desempeña en este campo, ni que hablar. Pero soy casi única en el estilo que le imprimo. Creo, con seguridad, que esto se debe a que en mi caso fue una elección libre, elucubrada (en su significación en desuso), pensada, elaborada; y no porque la necesidad, la vida, alguien o alguienes me empujaran u obligaran  a ello.
Dados los lineamientos legales actuales es mejor que no sepa a qué me dedico con exactitud, aunque estimo que a esta altura ya lo habrá vislumbrado. Sólo le garantizo que mi actividad es de alto standing, con glamour si cupiera el término. Si la ley se pusiera de nuestra parte y legalizara esta antiquísima fuente de trabajo, muchos dejarían de ser explotados, marginados, apaleados por lo más abyecto de la hipocresía que nos rodea. Pero, y en esto estará de acuerdo, estimo, el poder castiga a los supuestos detractores y ampara a los propios en su seno, transgrediéndose a sí mismo.
Disculpe mi lapsus de mala educación, hace rato que estamos hablando y aún no me he presentado.
Soy Bodydulce, para lo que usted quiera y hasta donde yo quiera dar.

Carmen Liliana Bianco
GANADORES EN NARRATIVA (5 PARTICIPACIONES):
1.- primer puesto: "Alta Gama" , seudónimo Carmelita.
2.- segundo puesto: " El Convicto"” seudónimo: Anémona. 

domingo, 30 de octubre de 2011

POR AMOR AL ARTE 2011

SAKURA

Laberintos de errores
formaron tu alma,
forjaron tu temple,
doblegaron tus ansias.
Bebiste de lo más profundo de la tierra
la savia de los pesares.
Padeciste con labios apretados
los dolores de parto.
Millones de lágrimas apaciguaron tu espíritu
rebelde y silencioso.
Erraste por momentos los caminos
por otros impensados.
Blandiste una sonrisa
a cada dolor agudo que agito tu pecho,
a cada angustia ardiente en tus entrañas.

Digna como una reina.
Bella como una diosa.
Sabia como una maga.
¡Poderosa mujer!
Arrancas con tus propias manos
las espinas enclavadas
y las conviertes en delicada flor.

                                                          Hete aquí,
                                                          ante quien todo lo ve
                                                          ante quien todo lo sabe
                                                         Más pura tal vez,
                                                         Seguro más sabia.


                                Caminas hacia mí los senderos ocultos
                                sumergida en la más profundo de ti,
                                donde habito eternamente.


Artista Plástica: Marcela Galván
Escrito: Liliana Bianco
29/10/2011

jueves, 27 de octubre de 2011

EL JOVEN Y EL VIEJO

Durante una conferencia sobre las grandes diferencias entre generaciones, un Presumido Estudiante se tomó la molestia de explicarle a un Señor Mayor sentado a la par de él, el por qué le es imposible a la Vieja Generación comprender a su Generación:
 
 
"Usted creció en un mundo diferente, realmente casi Primitivo", dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor.
"Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, Internet, teléfonos celulares, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno. Computadoras con procesos de velocidad de la luz… y muchas cosas más".
 
Luego de un breve silencio el Señor Mayor respondió diciendo: "Tienes razón, Hijo Mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos Jóvenes... ¡Por eso las Inventamos!!!!!!!!!!!! 

lunes, 24 de octubre de 2011

A MIS AMIGOS


Que pueda el camino subir hasta alcanzarte.
Que pueda el viento soplar siempre a tu espalda.
Que pueda el sol brillar cálidamente sobre tu rostro
y las lluvias caer con dulzura sobre tus campos,
y hasta que volvamos a encontramos
que Dios te sostenga en la palma de su mano.


                                                   (Oración irlandesa
)


BIANCA


Me llaman Bianca. No se dejen engañar por mi aire distinguido.

Soy apenas una sobreviviente de los andurriales de Caseros. Fuí rescatada hace un tiempo y me llevaron lejos de aquí.

Fui reina y señora de un monoambiente en las Cañitas. ¿Por qué lo llaman así? ¡Quién sabe! Porque en ese lugar no hay una sola caña, ni cañita, ni nada que se le parezca.

Por lo poco que puedo entender, quienes viven en los caños no implica precisamente que habiten una mansión, pero de cañitas no sé nada.


Yo soy pequeña aún y los mayores dicen que hay cosas que los pequeños no entendemos, así que esperaré a ser mayor. Ellos parecen saberlo todo.
Así que de un día para otro, pase de la hierba húmeda y fría a la calidez de mi camita celeste, con colchón en un hermoso tono de azul, comedero y bebedero en composé, mi toalla, mi manta y baño privado (bueno, no tanto).
Tengo unos amiguitos con los que juego. Son  de una impavidez mortal: se dejan hacer lo que yo quiera, no emiten sonido alguno. Se ve que ante mi autoridad de ama y señora quedan como paralizados.
Como pueden ver ese lugar era por demás confortable. Es verdad que solo tenía un pedacito de cielo y todo el aire de la ciudad y ninguna tierra que remover ni planta para olisquear… detallitos que le dicen.



Las vueltas de la vida, ¡ejem!, como dicen los mayores, me devolvió a estos parajes caseriles. Desconozco la razón, a los pequeños no siempre nos dan explicaciones.


Me mudaron con todas mis cosas, para que no extrañe.

Aquí también soy ama de un monoambiente.  
Pasé   varios  días  en  mi trabajo de reconocimiento
del terreno,  dando vueltas por aquí y por allá buscando
escondites  de   calidad,  lugares adecuados para el
descanso y el esparcimiento.

En fin, la cuestión es que a la semana tenía todo bajo control,  con  mi  habitat perfectamente distribuido: comedor,  rincón  siestero, dormitorio nocturno, sala de invierno, rincón de veranosolarium, gimnasio y el ojo negro del incansable ocio; el cuarto de baño, itinerante, por momentos evasivo.
Mi olfato es de gran ayuda en estas circunstancias.

Un día lo encontré fuera de los límites de mi residencia.
Fue un cruce revelador: las fronteras superaban lo que había previsto en esos días. Se extendían más allá rumbo a lo desconocido. Dicen que nuestra raza es muy curiosa. Ustedes conocerán, imagino, el adagio ese que dice que “la curiosidad mató al gato”, seguro que sí.
¡¿Ya  les dije yo que los mayores saben todo?! También tienen razón en ésto.
Ni bien hube cruzado debí enfrentarme a un  par de bestias salvajes que corrieron hacia mí. No me daban las patitas en la huida, encima con esta deformidad que me entorpece en las trepadas y, por lo visto, en las escapadas también. ¿Les dije que mis patitas delanteras corresponden a otra raza? Bueno, ciertas cosas afectan también a la nobleza.
¿O ahora me van a hacer creer que la nobleza es perfecta? ¡Justo a mí!



Un nuevo horizonte se abría ante mí. Después del susto inicial, emprendí mis exploraciones con una dosis de precaución. Las bestias merodean por aquí, pero no parecen tener intenciones criminales conmigo. De todas maneras mantengo la distancia.



El cielo se mostró amplísimo a mis ojos y mil propuestas de turismo aventura se irguieron ante mí, seductoras.

No rechazo ninguna. Solo las programo para disfrutarlas mejor. Mi agenda está llena por varios años: montañas, selvas, ríos, playas, ruinas, de todo hay en mi reino. ¿Qué más puedo pedir?



Bueno, lamentablemente los tengo que dejar. Como ven, tengo muchas cositas para hacer.


jueves, 20 de octubre de 2011

PEREGRINO

Xul me inquieta. Me mueve hacia viejas remembranzas. Me remite a cosas antiguas que guardan el sabor de lo inédito, tan antiguas que ya no sé en qué parte de mi ser pude haberlas registrado; tan inéditas que ya no las recuerdo. ¡Haber tenido que vivir medio siglo para reencontrarlo!
Un eslabón más de la larga cadena que conduce a mi ombligo, un eslabón menos que buscar… ¡Y este pobre cuerpo…! Aunque debo reconocer que en esta oportunidad me han provisto de uno más resistente que los de antaño.
A veces siento que me agota esta búsqueda. Si al menos tuviera claro qué es lo que busco, a qué apunto… Si al menos moderara esta ansiedad que por momentos me acucia, si pudiera sostener una actitud más relajada… Después de todo, no voy a irme antes de hacer lo que deba hacer…
Mi transcurrir no sé si es tímido o audaz, temerario o cobarde. Tengo claro que cada cual hace lo mejor que puede en cada momento. ¿Cometí errores? Sí, sin duda muchos, como casi todos. Gracias a ellos aprendí lo que sé. Si todos hubiesen sido aciertos, mi querido lector, esta vida toda sería tan solo un gran error.
Mi caminar es el del rayo perpendicular del sol, de lluvias oblicuas, de vientos en todas direcciones.
Me he deslizado por los angostos senderos de las selvas, por la amplitud de los desiertos, amarillos y blancos, ardientes y helados…
En las arenas de los desiertos se ampollaron mis pies y los curaron las arenas de las playas; los rasgaron los hielos del Himalaya y los compusieron las aguas del Ganges.
He ascendido cumbres maravillosas; he caído en pozos muy profundos; he recorrido en las llanuras, con la hierba cosquilleándome los pies con su don fresco y ávido.
He andado los olores salobres del mar y las pestilencias de los puertos, los aromas de los azahares y el humor de flores marchitas, he inhalado el humo de las grandes urbes de cemento y chimeneas, he aspirado con vehemencia el aire puro de los campos. He vaciado estómagos llenos y llenado panzas vacías.
Me he precipitado en los acantilados y he ascendido ardiente a los cielos como el fénix en cada resurrección.
Todo porque alguien decidió cortar mi cordón y convertirlo en un montón de eslabones perdidos.
Quizá yo misma lo hice, desafiando mi destino, desafiándome a reencontrarme con mi verdad, a reunirme conmigo. Quizá necesitaba necesitarme y urdí esta especie de juego macabro. Quizá solo sufro de amnesia y recurro a flashes de mi pasada memoria como las tormentas que usan sus relámpagos para iluminarse, como la noche que todo lo cubre de misterio, de imágenes veladas, de sueños.
Cada tiempo reabro mis cartas de navegación y estimo la derrota: miro el cielo tratando de inferir su curso, observo las aguas tratando de ver el rumbo de sus corrientes, escucho a los pájaros, pongo atención en los secretos que me transmite el viento. Ellos, como yo, somos aleatorios, imprevisibles
El camino se bifurca ante mí y debo elegir mi próxima jugada. Juego conmigo, a favor o en contra de mis vidas y las vidas de mis muertes, a favor o en contra de mis ahoras que se convierten de inmediato en otro ahora y otro y otro…Sabiendo que aun si juego en contra, juego a mi favor.
Desplego entonces las velas, despliego las alas y persigo el norte que mi brújula manda en ese momento… hasta la próxima vez en que se abran las cartas y sea necesario rever la ruta, crear un nuevo derrotero.
LB

viernes, 14 de octubre de 2011

No importa

Piedras en el camino que tropiezan
con tu andar cansino de apuros aletargados.
Años de ir tras un tren fantasma
que no conduce a ninguna parte,
a ningún destino.
No importa, tú corres.
Agotados desvíos,  inservibles,
queriendo evitar el camino.
La espalda cedente
al peso de tanta  ilusión  inútil.
No importa, tú sigues corriendo.
Y corriendo te perdiste
la sonrisa de María
y el primer paso de Agustín.
Y corriendo se te fue el día y la noche
y un nuevo amanecer…
Pero no importa, tú no dejas de correr.
Sabes que cuánto más sabes,
más te falta por saber. ¿Lo sabes?
Y el pasado presente en el futuro
juega con naipes
que  empardan el misterio.
Liliana Bianco

Pintura: José Curia

"CARTA DE UNA MAMA A SUS HIJOS" Por Isabel Allende

- Siempre que quieren hablar de madres en la televisión muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes, dulces, cariñosas, sin una pizca de cansancio, espléndidamente maquilladas y a eso agregan maravillosas frases de posters.

- ¡¡Mentiras !!!

- Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden.

- Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve, pedimos la peridural en el parto y puteamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta.

- Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice 'enano' o 'cuatro ojos', y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos.

- Y también pensamos que la vieja de geografía es un mal bicho cuando les baja la nota porque no saben cuántos metros mide el Aconcagua que, al final, a quién cuernos le importa. Pero no lo podemos decir...

- No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga gusto a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes, en lugar de tirar un Patty a la plancha.... Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.

- No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito... Es que tenemos miedo de que se enfermen!!

- Porque ser mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y sonrisas de aspirinetas.

- Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma. Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran. NADA, nunca, jamás.

- Ustedes nos hacen felices.... cuando les encantan nuestras milanesas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele. Cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas.

- Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá.

- Ustedes nos hacen mejores.

- Nos dan ganas y fuerzas. Nos comeríamos un gurka crudo antes de que es toque un dedito del pie. Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya como el reverendo... Cantamos las canciones de Chiquititas y vemos Barney y escuchamos a Los piojos y compramos Nopucid y repasamos 500 veces la tabla del 2 y arreglamos el carburador para llevar a los pibes a fútbol, a inglés, a dibujo, a la psicóloga, a básquet, a volley, a danzas, a la casa de la amiga, a la maestra particular, al dentista, al médico, a comprar un pantalón...

- Y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas y tratamos de que la torta parezca un Pikachu y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos....

- SOLO Y EXCLUSIVAMENTE PARA VERLOS FELICES.

- VERLOS FELICES ES LO QUE NOS HACE FELICES. Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como el velador que cayó en combate en la última guerra de pijamas party), para que fuera un lugar mejor para ustedes.

- GRACIAS POR HACERME SU MAMÁ. GRACIAS POR HACERME TAN IMPORTANTE.

- Gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio con corchitos y escarbadientes (que casi nunca entiendo para que sirven pero guardo religiosamente) , gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera, el Amoxidal de tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota, por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria.... .

- Son mis mejores medallas. Gracias porque LOS AMO. Y ese, es el amor que ME HACE GRANDE...

- Lo demás,.... es marketing.